Medios

Publicado: octubre 26, 2012 de GEC en Uncategorized
Etiquetas:, ,

Un cuento que muestra la hipocresía

María vive en un buen departamento de Recoleta o tal vez Belgrano. Juana en una zona humilde de las afueras. Ambas tienen razones que a ellas alcanzan para tomar sus decisiones. Las dos son mayores de edad.

Juana tiene un hijo y María un novio.

Juana limpia en una casa seguramente cercana a la de María, pero vive lejos.

Juana y María están embarazadas y por alguna razón resuelven no continuar con sus embarazos.

María en una clínica a donde la convoca su ginecólogo. Juana en lo de alguna curandera recomendada de por ahí.

María se va a Paris con el novio, Juana muere.

_

Con la interpretación de Camila Goñi, Medios de transporte

________________

Medios de transporte
Por Indalecio González Bergez

Son las 5 de la mañana en lo de Juana y el despertador suena dos veces hasta que una mano femenina, pero curtida, lo apaga.

A las 9 en lo de María suena uno que reitera cada 10 minutos durante casi una hora.

El día será largo y la lluvia que se escuchó sobre las chapas augura que habrá que sortear unas 10 cuadras en el barro.

Poco antes de las 10, lentos pasos en medias hasta la cocina por un café caliente, diario y dos tostadas con queso blanco.

Dos mates y a renegar con su hijo que tiene que ir a la escuela y le cuesta mucho aceptarlo. Todas las mañanas la misma historia.

El diario cuenta que en algún lugar del sur de la ciudad un comerciante fue asaltado y los delincuentes abatidos por las fuerzas del orden.

Las botas de goma y Juana satisfecha por saber que fue correcto el gasto: eran las botas o sacar número en el hospital.

El diario no suma, pero acompaña mientras el café se enfría. Las tostadas hacen ruido.

Por suerte ya no llueve, aunque los charcos son difíciles de esquivar. Las luces rojas del colectivo que se adelantó y la seguridad de una larga espera por el próximo.

A las 10,30 un baño caliente y el impermeable a mano. Buenos Aires con lluvia es melancólica y un disco que suena de fondo aumenta la melancolía.

Después de varias patinadas y muchas caras conocidas en el mismo recorrido, se oye de lejos la bocina de un tren que se aproxima. Es el nuestro, piensa.

Nunca hay taxis los días de lluvia. Será que no les gusta mojar el auto o que todo el mundo elige tomar uno al mismo tiempo, se queja.

Está apurada para dejar a su hijo con la portera de la escuela. Sabe que todavía es temprano, pero es la única forma de llegar a horario al trabajo.

Finalmente llega más tarde de lo previsto y el consultorio está lleno. Un lugar en el sillón de la ventana y las aburridas revistas hasta que la llamen.

La señora ya está levantada y algo nerviosa. Camina todavía con la bata puesta y el diario como si lo leyera, aunque sin dar vuelta las páginas.

Hay dos que ya vio, piensa. Una está por entrar sola. Si él no la acompañara lo odiaría. Pobre, sería incapaz, se tranquiliza.

Un yogur porque no tendría que ponerse si engordara un gramo más, la escucha decir culposa, como todas las mañanas. Los platos sucios y el trabajo es el trabajo.

Su turno y la pregunta incomoda. Costos, días, consecuencias, silencios, sonrisas nerviosas.

Duele mucho cuando se esfuerza, pero quejarse la obligaría a dar explicaciones que es mejor evitar para conservar el empleo.

Un té con dos amigas que no lo pueden creer: la beca en La Sorbonne la incluye y tiene asegurados dos años en París!

Ese día se convence y avisa que al día siguiente tendrá que llevar a su hijo al médico. Se disculpa e insiste en que solo ella puede hacerlo.

Nadie, solo ella puede saberlo.

El despertador 5 de la mañana como todos los días. Las calles un poco más secas, pero el destino el mismo: la portera de la escuela donde dejaría a su hijo.

Ni el Rivotril ni la música clásica. No pegó un ojo en toda la noche. Los nervios apuran un café negro.

No hay elección ni opción. Es la de Claypole. Ella sabe, le dice una amiga de la prima, y le asegura que todo estará bien. Además da a pagar en cuotas.

El taxi la deja en la puerta y la silla de ruedas con dos enfermeras la espera en la administración. Firma, paga y se sienta entregada a los nervios, pero sabiendo que París bien vale una misa. Y ella fue el domingo.

A Claypole en tren. Después caminando. 7 cuadras de la estación. La cortina de la pieza está suelta de un lado y una bombita es la única fuente de luz.

El vuelo salió a horario y él la besa sobre el Atlántico.

La portera se encariñó, pero el nene llora todos los días porque extraña a su mamá.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s